La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico oficial, y yo nomás soy el que lo comparte con usted. Si alguna vez quiso una historia de ambición, de tierras desconocidas y de un camino que los historiadores llevan siglos discutiendo, agárrese bien al volante, porque esta empieza en 1540 y termina aquí mismo en el condado de Floyd. De 1540 a 1542, Francisco Vázquez de Coronado encabezó lo que el marcador histórico llama la primera exploración europea organizada del suroeste.
Y no viajaba ligero, para nada. Más de mil hombres y mujeres. Miles de caballos y mulas.
Ganado vacuno. Ovejas. No era un grupo de reconocimiento, era una ciudad en movimiento, y se movía en busca de las legendarias ciudades de oro.
Coronado marchó hacia el norte desde Culiacán, México, atravesando tierras que un día se convertirían en Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma y Kansas. Guías indígenas llevaron a los españoles desde el Pueblo de Pecos, en Nuevo México, hasta el río Arkansas, en Kansas. Por dónde fueron exactamente ha sido tema de debate entre los historiadores por mucho, mucho tiempo.
Los documentos que sobrevivieron, y sí los hay, son breves, vagos y a veces se contradicen entre sí. No es precisamente un registro de navegación. Pero aquí es donde la historia se pone interesante.
Dos veces en la primavera de 1541, la expedición acampó el tiempo suficiente como para dejar lo que los arqueólogos llaman evidencia detectable. La primera vez, eligieron el sitio de un campamento de indios Teya. Y entonces llegó una tormenta de granizo que destruyó la mayor parte de su cerámica, si no es que toda.
Uno casi puede sentir el ánimo que se vivió en ese campamento. La segunda vez se quedaron dos semanas enteras, en un cañón que los documentos describen como de una legua de ancho. Una legua de ancho.
Ese es un cañón que uno no olvida. Pasemos a los años cincuenta y sesenta. Rancheros de por aquí, en el cañón Blanco y sus alrededores, encuentran dos piezas de cota de malla.
Cota de malla, nada más ahí en la tierra y entre el pasto, como si hubieran estado esperando que alguien las notara. Y desde 1993, una serie de otros objetos, tanto europeos como de otras partes del suroeste, han aparecido en la misma zona. Entre ellos hay puntas de proyectil parecidas a las que se usaban en las flechas de ballesta.
Y aquí está el detalle que hace parar las orejas a los arqueólogos. Las ballestas quedaron obsoletas después de la expedición de Coronado. El marcador histórico dice claramente que es poco probable que las haya usado cualquier otro grupo de tamaño considerable.
Así que cuando uno encuentra puntas de ballesta en el cañón Blanco, la lista de sospechosos no es muy larga. A finales de los noventa, los arqueólogos se pusieron a trabajar en serio para confirmar que esta zona fue el sitio de uno de los campamentos de Coronado. La evidencia y los artefactos que recuperaron respaldaron la teoría.
Coronado pasó por el cañón Blanco. Mil personas y miles de animales, ballestas y cotas de malla, una tormenta de granizo que destrozó su cerámica, un cañón de una legua de ancho, y quinientos años después, la tierra de por aquí por fin entregó suficiente para señalar con el dedo y decir: sí. Aquí mismo.
Aquí estuvieron.
Lo que dice el marcador
De 1540 a 1542, Francisco Vazquez de Coronado encabezó la primera exploración europea organizada del suroeste en busca de las legendarias "ciudades de oro". Con una compañía de más de mil hombres y mujeres y miles de caballos y mulas, ganado vacuno y ovejas, Coronado marchó hacia el norte desde Culiacán, México, atravesando tierras que se convertirían en Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma y Kansas. La ruta exacta por la que sus guías indígenas condujeron a los españoles entre Pecos Pueblo en Nuevo México y el río Arkansas en Kansas ha sido durante mucho tiempo tema de debate entre los historiadores. Los documentos que sobreviven son breves, vagos y en ocasiones contradictorios. En dos ocasiones durante la primavera de 1541, la compañía acampó el tiempo suficiente como para haber dejado evidencia arqueológica detectable; la primera vez eligieron el sitio de un campamento indígena teya. Una tormenta de granizo azotó el lugar y destruyó la mayor parte, si no toda, su alfarería. Ocuparon un segundo campamento durante dos semanas en un cañón que fue descrito como de "una legua de ancho". En las décadas de 1950 y 1960, dos piezas de cota de malla fueron descubiertas por rancheros locales dentro y cerca de Blanco Canyon. Desde 1993, una serie de otros objetos, tanto europeos como procedentes de otras partes del suroeste, han sido encontrados en la misma área. Entre ellos se encuentran puntas de proyectil similares a las utilizadas en las flechas de ballesta. Las ballestas quedaron obsoletas después de esta expedición y es poco probable que hayan sido usadas por cualquier otro grupo de tamaño considerable. A finales de la década de 1990, los arqueólogos comenzaron la tarea de confirmar esta área como el lugar de uno de los campamentos de Coronado. La evidencia y los artefactos recuperados respaldaron la teoría de que Coronado pasó por Blanco Canyon. (2000)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →