La versión de Duane
Esto es lo que cuenta el marcador histórico oficial, y voy a hacerle toda la justicia que merece. Al poniente de donde usted va rodando ahorita, a orillas del Colorado, hay manantiales de agua salada que llevan siglos atrayendo gente. Los indios los conocieron primero y usaban ese lugar como enfermería, como balneario, como un rincón donde la misma tierra ofrecía algo que sanaba.
Ese conocimiento no desapareció. Nomás esperó su momento. Luego llegó la Guerra Civil, y de repente esos manantiales ya no eran una curiosidad ni un alivio nomás.
Eran un recurso. Las operaciones crecieron, y digo crecieron en serio, organizadas, de trabajo todos los días, para abastecer al ejército. Sal para los soldados.
Sal para los caballos de caballería. Sal para las mulas de tiro. Y más allá de lo militar, sal para uso general, para la mesa, para el rancho.
La Confederación la necesitaba, y alguien aquí a orillas del Colorado encontró la manera de sacarla. Y aquí es donde la historia se pone interesante, porque la ingeniería que armaron para lograrlo merece que uno se la imagine bien. Para bombear el agua salada desde el manantial, ponían a un caballo a caminar en círculos.
Vuelta y vuelta daba el animal, y ese movimiento accionaba un elevador que llenaba unos canales colocados sobre un andamio de cuarenta pies de altura. Cuarenta pies. No era ninguna estructura pequeña ahí parada en tierra tejana.
Y esos canales no eran simples depósitos. Les ponían ramas de cedro adentro, ahí tendidas, y el agua salada pasaba por esas ramas y se iba concentrando. Luego filtraba hacia abajo, todo ese líquido espeso y cargado de mineral, hasta caer en unas calderas de hierro.
Y esas calderas hervían. Hervían hasta que de cincuenta cubas de salmuera salía una sola cuba de sal. Una de cincuenta.
El caballo seguía caminando. El cedro seguía concentrando. Las calderas seguían hirviendo.
Y la Confederación seguía recibiendo su sal. Hay algo en esa imagen que no se le olvida a uno: un caballo caminando en círculos, unido por cuerdas y palancas e ingenio a un andamio de cuarenta pies, unido a unas calderas de hierro, unido a un ejército que peleaba a cientos de millas de distancia. Aquí a orillas del Colorado, donde los indios venían a sanar, la tierra seguía haciendo su trabajo.
Nomás que bajo otras órdenes.
Lo que dice el marcador
Al oeste de aquí, sobre el Colorado. Manantiales de salmuera utilizados por los indígenas como enfermería o balneario. Las operaciones se intensificaron durante la Guerra Civil para abastecer al Ejército, para los hombres, los caballos de caballería y las mulas de tiro, así como para uso general en la mesa y en los ranchos. Para bombear la salmuera del manantial, un caballo conducido en círculo accionaba un elevador que llenaba artesas sobre un andamio de 40 pies de altura. Ramas de cedro colocadas en las artesas concentraban la salmuera, la cual se filtraba hacia calderas de hierro que hervían un bushel de sal por cada 50 bushels de salmuera.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →