La versión de Duane
Lo que le cuento aquí sigue el marcador histórico oficial, déjeme llevarlo por lo que dice. Antes de que la Guerra Civil le echara las garras a Texas, la Universidad de Baylor ya llevaba quince años funcionando en Independence. Y eso no es poca cosa.
Baylor en esos tiempos incluía lo que se llamaba el Departamento Femenino, que con el tiempo llegaría a ser Mary Hardin-Baylor. Eran dos escuelas, en realidad, creciendo una junto a la otra bajo un mismo nombre. Luego llegó 1861, y las cosas empezaron a deshilacharse.
Baylor tenía liderazgo, eso sí. Su rector entre 1861 y 1863 fue un hombre llamado George W. Baines, y aquí viene el detalle que lo hace a uno enderezarse en el asiento: George W. Baines era antepasado del presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson. Ese linaje estaba ahí mismo en el campus de Baylor, tratando de mantener el rumbo durante uno de los tramos más duros que cualquier universidad texana haya vivido.
¿Y la lealtad de sus benefactores? La señora Sam Houston fue de ellos. También su madre.
¿Qué dieron? Fruta seca para las mesas del comedor. No oro, no tierras.
Fruta seca. Uno piensa en lo que se necesita para sostener una universidad con buena voluntad y fruta seca, y empieza a entender lo escuálidos que fueron esos años. Y aquí está la parte que más duele.
En 1860, Baylor contaba con dos mil cuatrocientos dieciséis estudiantes. Para 1861, las ayudas del estado que habían mantenido a flote a las universidades texanas simplemente se acabaron. Muchos de esos dos mil cuatrocientos estudiantes se fueron de soldados.
Y de las veinticinco universidades que existían en Texas, muchas tuvieron que cerrar sus puertas. Veinticinco universidades. Muchas de ellas, cerradas.
Y no fue solo cosa de las universidades. Las escuelas para los más chicos sufrieron igual. La legislatura de 1861 aprobó leyes de educación gratuita, lo cual suena esperanzador hasta que uno escucha lo que sigue: no podían darle dinero a las escuelas.
La ley existía. El dinero, no. Imagínese esto.
Un niño parado en la puerta del salón, saludando con la mano a los soldados que marchaban. Ese niño no estaba en una escuela pública. Estaba en una escuela por suscripción, pagada del bolsillo de sus propios padres, con lo que pudieran dar.
¿Y quién enseñaba? Hombres viejos. Mujeres.
Personas con alguna discapacidad. Si no había escuela disponible, una madre o una hermana mayor simplemente escuchaba las lecciones en casa. Así decían, escuchar las lecciones.
Algo informal, callado, terco. Los libros escaseaban. El papel para reemplazar las páginas gastadas era imposible de conseguir.
Los niños que necesitaban escribir lo hacían en pizarras. O esparcían arena sobre una mesa, la alisaban bien, y escribían ahí. Arena sobre una mesa.
Eso era el salón de clases. Así se aferraba Texas a la educación con las dos manos. Hay cosas que se graban en piedra para que no olvidemos lo que cuesta mantener vivo el conocimiento.
Este marcador histórico en el condado de Bell es una de esas cosas.
Lo que dice el marcador
Baylor University (incluyendo el "Female Department", que más tarde se convertiría en Mary Hardin-Baylor) había funcionado en Independence durante 15 años antes de 1861. En la Guerra Civil sufrió los reveses de la educación en Texas en general. Esto ocurrió a pesar del liderazgo de su presidente en 1861-63, George W. Baines (ancestro del presidente de los EE. UU. Lyndon B. Johnson), y de la lealtad de patrocinadores como la señora Sam Houston y su madre, quienes donaron fruta seca para las mesas del comedor. Las subvenciones estatales para la educación que anteriormente habían apoyado a los colegios de Texas se suspendieron en 1861. Muchos de los 2,416 estudiantes de 1860 se convirtieron en soldados; muchos de los 25 colegios de Texas tuvieron que cerrar. Las escuelas para niños más pequeños también sufrieron. La legislatura de 1861 aprobó leyes de escuelas gratuitas, pero no pudo otorgar fondos a las escuelas. Los niños que saludaban desde las puertas de los salones de clase a los soldados que marchaban asistían a escuelas por suscripción, pagadas por sus propios padres. Hombres mayores, mujeres y personas con discapacidades eran los maestros. Con frecuencia, una madre o una hermana mayor "tomaba las lecciones" en el hogar. Los libros escaseaban. El papel era imposible de conseguir para reemplazar los que se desgastaban. Se escribía en pizarras o en arena extendida sobre una mesa. (1964)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →