La versión de Duane
Esto es lo que nos cuenta el marcador histórico oficial, y se lo digo tal como es. Allá en el condado de Washington hay un pedazo de tierra que ha guardado silencio desde 1853. Ese fue el año en que el Chappell Hill Masonic Cemetery abrió sus puertas como campo santo masónico, y la primera persona que recibió sepultura en él fue Jacob Haller, el mero fundador de Chappell Hill.
Piénsele un momento. El hombre que fundó el pueblo fue el primer alma que se le confió a esa tierra. Después de eso, el cementerio siguió recibiendo a los suyos.
Pioneros que cruzaron tierras difíciles para construir algo de la nada. Soldados que respondieron cuando los llamaron. Estadistas que ayudaron a darle rumbo a Texas.
Héroes, dice el marcador histórico, y no le pone condiciones a esa palabra. Por más de un siglo, el cuidado de ese lugar estuvo en manos de la Hubert Lodge No. 67, Ancient Free and Accepted Masons. Ellos lo vigilaron, lo atendieron y lo honraron.
Luego, en 1965, se formó una asociación de cementerio que tomó ese trabajo. Pero antes de que esa asociación existiera, era la Logia, año tras año, la que se aseguraba de que los fundadores, los combatientes y los estadistas no cayeran en el olvido. Hay lugares que cargan con el peso de lo que guardan.
El Chappell Hill Masonic Cemetery es uno de esos lugares. Los nombres que descansan en esa tierra ayudaron a construir un estado, y la tierra misma ha sido cuidada por gente que entendía bien lo que eso significaba.
Lo que dice el marcador
Inaugurado como panteón masónico en 1853. Jacob Haller, fundador de Chappell Hill, fue el primer sepultado. Lugar de descanso final de pioneros, soldados, estadistas y héroes de Texas. Hasta la formación de la asociación del cementerio en 1965, estuvo bajo el cuidado de Hubert Lodge No. 67, A.F.&A.M.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →