La versión de Duane
Así narra el marcador histórico oficial la historia del edificio principal de la Central State Farm del Sistema Penitenciario de Texas, allá en el condado de Fort Bend. Esta tierra ha cargado mucho peso a lo largo de los años. Mucho peso.
Sus raíces llegan hasta finales de la década de 1870, cuando más de cinco mil acres, cinco mil doscientos treinta y cinco para ser exactos, de tierras de plantación azucarera eran trabajadas aquí mismo por mano de obra de convictos. Y antes de pensar que eso era un arreglo discreto y escondido de la vista pública, entienda esto: en los siglos diecinueve y principios del veinte, la opinión pública en gran medida apoyaba un sistema penitenciario autosuficiente. Sin fondos del estado para las instalaciones.
Sin fondos del estado para las operaciones. Se esperaba que todo se pagara solo. A partir de 1878, dos hombres, el señor Cunningham y Littleberry Ellis, arrendaron mano de obra penitenciaria al estado de Texas.
Alojaban a los presos aquí en una plantación de caña de azúcar. Las tierras de Ellis llegaron a conocerse como Sartartia, y con el tiempo se construyó ahí mismo un molino: el Imperial Mill. Y a pesar de las duras condiciones de vida en los campamentos agrícolas como este, repartidos por todo Texas, ese programa de arrendamiento siguió adelante hasta la década de 1910.
Décadas enteras. En 1907, la plantación y el molino fueron comprados por la Imperial Sugar Company. Y tan solo un año después, en 1908, el estado compró la plantación misma y le puso otro nombre: Imperial State Prison Farm.
La tierra cambió de manos, pero el trabajo, el azúcar y la arcilla roja del condado de Fort Bend siguieron ahí, constantes. A finales de la década de 1920, la Legislatura de Texas aprobó medidas de reforma económica que pusieron en marcha operaciones industriales en las prisiones, introdujeron la clasificación de los convictos según teorías de rehabilitación, y mejoraron las condiciones de vida dentro de los penales. El cambio llegaba despacio y con paso firme, como suele llegar a lugares así.
En 1930 comenzó la construcción de las nuevas instalaciones de la Central State Prison Farm en este mismo sitio. El diseño estuvo a cargo del despacho de arquitectura Giesecke and Harris, de Austin. Y aquí hay un detalle que el marcador histórico no deja pasar: el padre de Bertram Giesecke, el reconocido profesor de arquitectura cuyo apellido era también Giesecke, sirvió como consultor en materiales y técnicas, técnicas centradas en el uso de concreto reforzado vaciado en sitio.
El edificio principal, con oficinas administrativas y dormitorios bajo un mismo techo, quedó terminado en 1932. Fue la primera estructura modernizada en todo el sistema penitenciario de Texas. De estilo Art Moderne, con pilastras escalonadas, esquinas achaflanadas, una torre cuadrada rematada con techo piramidal, y ventanas metálicas de bisagra.
No buscaba ser imponente. Buscaba ser nuevo, y en el contexto de lo que había sido esta tierra, lo nuevo significaba mucho. Hoy ese edificio sigue en pie.
Es un recordatorio de las reformas del siglo veinte, sí, pero también de todo lo que vino antes de ellas: los cinco mil acres, el trabajo arrendado, las condiciones duras que aguantaron décadas enteras antes de que alguien decidiera que algo tenía que cambiar. El concreto resistió. La historia que hay debajo corre más hondo.
Lo que dice el marcador
Los orígenes de la Central State Farm se remontan a finales de la década de 1870, cuando los 5,235 acres originales de la plantación azucarera aquí ubicada eran trabajados por mano de obra de reclusos. En los siglos XIX y principios del XX, el sentimiento público apoyaba en gran medida un sistema penitenciario autosustentable, sin fondos estatales para instalaciones ni operaciones. A partir de 1878, Edward H. Cunningham y Littleberry A. Ellis arrendaron mano de obra penitenciaria del estado. Alojaban a los presos en una plantación de caña de azúcar. Las tierras de Ellis, que llegaron a conocerse como "Sartartia", se desarrollaron con la construcción de un molino en el sitio denominado Imperial Mill. A pesar de las duras condiciones de vida en esos campamentos agrícolas en todo Texas, el programa de arrendamiento continuó hasta la década de 1910. La plantación y la operación del molino en este sitio fueron adquiridas en 1907 por la Imperial Sugar Company; el estado compró la plantación en 1908 y la rebautizó como Imperial State Prison Farm. La Legislatura de Texas acordó a finales de la década de 1920 medidas de reforma económica que dieron inicio a operaciones industriales penitenciarias, condujeron a la clasificación de los reclusos con base en la teoría rehabilitadora y mejoraron las condiciones de vida de los presos. En 1930 comenzó la construcción de las instalaciones de la Central State Prison Farm en este sitio. La firma de Austin Giesecke and Harris diseñó los nuevos edificios; el padre de Bertram Giesecke, el destacado profesor de arquitectura F.E. Giesecke, fungió como consultor en materiales y técnicas, centradas en la tecnología del concreto armado colado en sitio. El edificio principal, compuesto por oficinas administrativas y dormitorios, fue concluido en 1932 como la primera estructura modernizada del sistema penitenciario de Texas. El diseño Art Moderne presenta pilastras escalonadas, esquinas achaflanadas, una torre cuadrada con techo piramidal y ventanas de bastidor metálico. Hoy se erige como un recordatorio de las reformas penitenciarias del siglo XX. Monumento Histórico Registrado de Texas - 2003
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →