La versión de Duane
Así cuenta el marcador histórico oficial la historia del Condado de Burleson en la Segunda Guerra Mundial. Si necesita orillarse, hágalo; esta merece toda su atención. De una población de dieciocho mil personas, el Condado de Burleson mandó a cerca de mil trescientos hombres y mujeres a ponerse el uniforme durante la Segunda Guerra Mundial.
Mil trescientos. De un condado donde muchos de ellos nunca habían salido de sus tierras antes de que la guerra los llamara. Y de ese número, cuatrocientos cincuenta habían caminado por los pasillos de Caldwell High School: llamados al servicio o alistados por su propia voluntad, cada uno de ellos.
Se desplegaron por todo el mundo. Pero la historia no espera las órdenes de despliegue para volverse pesada. En Pearl Harbor, justo en los primeros momentos del combate americano, el marinero de segunda clase Thomas J. Gary, de Somerville, iba a bordo del California cuando llegó el ataque.
Gary dio su vida salvando a sus compañeros de las llamas. La Armada le otorgó póstumamente la Cruz de la Marina. Y luego le dieron su nombre a dos barcos.
Dos barcos. Eso era lo que el Condado de Burleson le mandaba al mundo. La unidad local de la Guardia Nacional, la Compañía E del Regimiento de Infantería Ciento Cuarenta y Tres, División Treinta y Seis, desembarcó en Salerno, Italia, y sufrió pérdidas muy pesadas: decenas de hombres muertos, heridos o capturados.
La palabra decenas carga mucho peso en esa oración, y cada una de esas decenas era el hijo de alguien, el hermano de alguien. Entre los prisioneros de guerra estaba el primer teniente Hubert Womble, derribado sobre Rumanía durante los ataques a los campos petroleros de Ploesti. Y el mayor Paul Brown del Cuerpo de Marines, quien sobrevivió la Marcha de la Muerte de Bataan en las Filipinas, una hazaña de resistencia humana que casi no cabe en la imaginación, pero que murió en un campo de prisioneros japonés antes de poder volver a casa.
Los soldados ciudadanos del condado estuvieron en las playas de Normandía el Día D. Pelearon en el Teatro Europeo y en el Teatro del Pacífico. Las mujeres del Condado de Burleson se unieron al Cuerpo de Enfermeras del Ejército y de la Armada. Muchas más fueron a trabajar a las plantas de defensa.
En casa, el condado tampoco se quedó cruzado de brazos. Se organizaron campañas de reciclaje por todo el condado para apoyar el esfuerzo de guerra en el frente doméstico. A algunas familias se les reconoció con menciones como Agriculture Victory Leaders, por seguir trabajando sus tierras aun con poca gente.
Y esto hay que decirlo bien claro: al menos cinco familias del Condado de Burleson tenían cinco hijos al mismo tiempo sirviendo en las fuerzas armadas. Cinco de una misma familia. Cinco.
Decenas de hombres del Condado de Burleson murieron durante la guerra: en campos de batalla del otro lado del mundo y en accidentes de entrenamiento aquí mismo en suelo americano. El marcador histórico no deja olvidar esa segunda parte. No todo sacrificio ocurrió bajo fuego enemigo.
Mil trescientas personas de dieciocho mil. Casi una de cada catorce. A través de incontables actos heroicos y desinteresados, dice el marcador histórico, demostraron su compromiso de devolverle la libertad al mundo.
Es una frase muy grande: devolverle la libertad al mundo. Pero el Condado de Burleson, con sus dieciocho mil almas, lo dio todo intentando hacerla realidad.
Lo que dice el marcador
Durante la Segunda Guerra Mundial, de una población de 18,000 habitantes, cerca de 1300 hombres y mujeres del Condado de Burleson se incorporaron a las fuerzas militares, y 450 que habían asistido a Caldwell High School fueron reclutados o se alistaron voluntariamente. Muchos nunca habían salido del condado antes de su servicio, pero fueron desplegados alrededor del mundo en defensa de la libertad. Los residentes de la zona se sacrificaron por el esfuerzo bélico en el extranjero y en casa desde el inicio del combate estadounidense. En Pearl Harbor, el marinero de 2.ª clase Thomas J. Gary, de Somerville, murió a bordo del U.S.S. California al dar su vida para salvar a sus compañeros de las llamas. La Marina otorgó póstumamente a Gary la Cruz Naval y nombró dos barcos en su honor. La unidad local de la Guardia Nacional, Company E, 143rd Infantry, 36th Division, sufrió graves pérdidas en Salerno, Italia, con docenas de hombres muertos, heridos o capturados. Entre otros prisioneros de guerra se encontraban el teniente primero Hubert Womble, derribado sobre Rumania durante las incursiones a los campos petrolíferos de Ploesti, y el mayor del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos Paul Brown, quien sobrevivió la Marcha de la Muerte de Bataan en las Filipinas pero murió en un campo de prisioneros japonés. Los soldados ciudadanos del condado asaltaron las playas de Normandía el Día D y combatieron en los teatros de operaciones de Europa y el Pacífico. Muchas mujeres se incorporaron al Army and Navy Nurse Corps, y muchas más trabajaron en plantas de defensa. Las campañas de reciclaje en todo el condado maximizaron el apoyo al esfuerzo bélico en el frente interno. Algunas familias recibieron reconocimientos como "Agriculture Victory Leaders" por mantener sus operaciones agrícolas durante la guerra; incluso con escasez de mano de obra, al menos cinco familias del condado tenían a cinco hijos a la vez prestando servicio militar. Decenas de hombres del Condado de Burleson murieron durante la Segunda Guerra Mundial, en campos de batalla en el extranjero y en accidentes de entrenamiento en suelo estadounidense. A través de incontables actos heroicos y desinteresados, los ciudadanos demostraron su compromiso con la restauración de la libertad en el mundo. (2008)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →