La versión de Duane
Así me lo cuenta el marcador histórico oficial, y aquí se lo traigo. Enero de 1847: imagínese el viento del Golfo llegando desde el agua, frío y cargado de sal, y siete mujeres desembarcando en la isla de Galveston. Siete monjas de la Orden Ursulina.
El marcador histórico las llama la primera orden de mujeres religiosas en Texas, y eso solo ya le dice a usted mucho sobre el terreno que estaban pisando. Llegaron, y no perdieron tiempo. En febrero de 1847, un mes, más o menos, ya tenían convento, academia y veinticinco estudiantes sentados en sus pupitres.
Fueron llegando más alumnos. Algunas se quedaban internas. Las hermanas tenían trabajo por delante, y se pusieron manos a la obra.
Pero aquí es donde la historia agarra peso. Galveston en aquellos años no era lugar fácil para echar raíces. La fiebre amarilla llegó en 1847.
Volvió en 1853. Regresó en 1858, y otra vez en 1868. Cuatro veces azotó esa epidemia, y cuatro veces el convento abrió sus puertas y se convirtió en hospital.
Las monjas no se fueron. Se quedaron y atendieron a los enfermos. Después vino la Guerra Civil.
Soldados de la Unión y soldados confederados fueron atendidos por esas hermanas. El marcador histórico lo dice con cuidado: sin importarles su propia seguridad. Piense en lo que eso significa.
Dos ejércitos, una casa, y esas mujeres sosteniéndolo todo con sus manos y su dedicación. Y luego estaban los huracanes. Galveston y los huracanes llevan una larga y dolorosa historia juntos.
Cuando las tormentas azotaban la zona, el convento y la academia daban refugio a los habitantes de la isla. Pero el que hay que contar bien es el huracán de 1900. Más de mil personas encontraron refugio dentro de ese edificio de las Ursulinas.
El marcador histórico lo dice sin rodeos: era la única estructura que quedaba en pie cerca de la costa del Golfo. Las monjas rescataron a mucha gente, a veces arriesgando la vida. Mil almas en un solo edificio, y las hermanas moviéndose por entre todas ellas con determinación.
Después de cada una de esas pruebas, los años de fiebre, la guerra, las tormentas, el marcador histórico dice que las monjas se pusieron de inmediato en actividad con propósito. Esa frase lleva adentro todo un carácter. No el duelo, no la parálisis.
Actividad con propósito. La Ursuline Academy siguió adelante. Siguió durante décadas hasta los años sesenta, cuando pasó a formar parte del sistema de escuelas católicas.
Las hermanas se fueron a atender las escuelas parroquiales. El trabajo cambió de forma, pero el trabajo continuó. Y luego, poco a poco, el número fue bajando.
Hasta que en 1993, la última hermana dejó la zona. Ciento cuarenta y seis años después de que siete mujeres desembarcaran en una isla del Golfo en enero, una era llegaba a su fin. Siete monjas en 1847.
Mil personas cobijadas en una tormenta. Una última hermana partiéndose en 1993. Ese es el arco completo de esta historia, y pesa como solo puede pesar lo que es verdad.
Lo que dice el marcador
En enero de 1847, siete monjas de la Orden Ursulina, la primera orden de mujeres religiosas en Texas, llegaron a Galveston y establecieron un convento y una academia. La escuela abrió con 25 alumnos en febrero de 1847 y rápidamente incorporó más estudiantes, algunos de los cuales se internaban. Además de educar a la juventud de la zona, las monjas ursulinas sirvieron a la comunidad durante numerosas tribulaciones. Durante las epidemias de fiebre amarilla de 1847, 1853, 1858 y 1868, el convento funcionó como hospital. Las monjas atendieron a soldados de la Unión y confederados durante la Guerra Civil sin tomar en cuenta su propia seguridad personal. El convento y la academia también brindaron refugio a los ciudadanos de Galveston cuando los huracanes azotaron la zona. Durante un huracán en 1900, más de 1,000 personas encontraron refugio en el edificio ursulino, la única estructura que permanecía en pie cerca del área del Golfo. Las monjas rescataron a muchas personas, a veces arriesgando sus propias vidas. Las monjas se pusieron manos a la obra con actividad decidida tras cada prueba. La Ursuline Academy continuó hasta la década de 1960, cuando pasó a formar parte del sistema de escuelas católicas. Las hermanas trabajaron en las escuelas parroquiales. El número de monjas ursulinas fue disminuyendo hasta que en 1993 la última hermana dejó la zona, marcando el fin de una era. (1997)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →