La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico oficial, y yo hago lo que puedo por hacerle honor. Acomódese, porque este tiene raíces profundas y piedra caliza dura bajo cada centímetro. A diecinueve millas al oeste de Rocksprings, ahí está, o lo que queda de él, el Turner-Davis Ranch Headquarters.
Y el marcador histórico lo llama un testimonio. No un monumento, no una reliquia. Un testimonio.
Como si la tierra misma estuviera declarando bajo juramento sobre una forma de vida. Y creo que eso es muy exacto. El Edwards Plateau no le regala nada a nadie.
Roca caliza debajo de matorrales de encino, mezquite y cedro, terreno escarpado, así lo dice el marcador histórico con mucha diplomacia. No es un lugar ideal para la agricultura, según sus palabras, que es el eufemismo más seco que uno puede encontrar a la orilla de cualquier camino de Texas. Pero los rancheros, los rancheros miraron ese país duro y espinoso y vieron exactamente lo que necesitaban: agostadero para cabras de angora y un futuro en la industria del mohair.
Eso fue lo que atrajo a la gente hasta acá, y eso fue lo que los mantuvo. El rancho se estableció en 1921. El señor Davis, conocido como Ruby, y su esposa Helen lo operaron desde el principio hasta 1941.
Veinte años construyendo algo en ese plateau. Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó y pasó, Watt Turner y su esposa Elma Evans compraron el rancho a la familia Fred Cross, que lo había mantenido andando durante toda la guerra. Eso merece un momento de reconocimiento: alguien tenía que sostener todo mientras el mundo estaba ocupado en otras cosas, y la familia Fred Cross hizo exactamente eso.
La familia Turner lo tomó desde ahí y lo tuvo hasta 2003. La residencia principal del Headquarters, una estructura de un piso, de madera, con techo de metal muy inclinado, se construyó a principios de los años veinte. Y lo importante de ese edificio es que fue hecho para durar.
El marcador histórico dice que las construcciones del Headquarters fueron levantadas al estilo pionero y que cada familia ranchera las fue mejorando. Así es como un lugar sobrevive, no congelándose en el tiempo, sino con cada par de manos añadiendo algo a lo que el anterior dejó. En los años cincuenta, el programa Bracero les permitió a trabajadores mexicanos laborar en los ranchos de Texas, y el Turner Ranch dependió mucho de esa mano de obra.
Cuando Watt Turner murió, su hermano Clarence Turner se hizo cargo, y Clarence mantuvo en buen estado las construcciones del Headquarters y millas y millas de cercas. Si usted quiere entender lo que eso significa en un rancho de ocho secciones en el condado de Edwards, vaya a intentar tender un solo hilo de alambre sobre esa caliza. Carl Hyde arrendó el rancho del patrimonio de los Turner en 1978, con renovado optimismo para la industria del mohair, dice el marcador histórico, y ese detalle me gusta mucho, porque deja ver que la industria había conocido tiempos más difíciles y que la gente estaba dispuesta a apostarle de nuevo.
Hyde construyó una casa nueva en el rancho en 1979 para el capataz, Arnulfo Silva, y su familia. Ese detalle importa. Es prueba de que la gente no estaba nomás de paso, estaba construyendo una vida aquí, echando raíces de verdad.
En su mejor momento, el Turner-Davis Ranch sostuvo seis mil cabezas de ganado. Seis mil. Sobre caliza y cedro y esperanza texana bien terca.
El rancho de ocho secciones operó por ochenta y dos años, y luego en 2003 fue vendido a un desarrollador y subdividido. Ochenta y dos años de mohair y cercas y construcciones al estilo pionero y familias mejorando lo que heredaron, y luego ese capítulo se cerró. El marcador histórico no hace muchos comentarios sobre eso.
Nomás pone el testimonio frente a usted y lo deja reposar. A diecinueve millas al oeste de Rocksprings, la tierra sigue ahí. La caliza no va a ningún lado.
Pero el testimonio es lo que el marcador histórico vino a dar, y usted ya lo escuchó.
Lo que dice el marcador
Ubicada a diecinueve millas al oeste de Rocksprings, la Sede del Rancho Turner-Davis es un testimonio del estilo de vida ranchero. Fundado en 1921, el rancho se encuentra en la región de la Meseta Edwards. El accidentado terreno está compuesto de roca caliza y espesuras de encino, mezquite y cedro. Al no ser un lugar ideal para la agricultura, la zona atrajo a rancheros dedicados específicamente a la cría de cabras de Angora para la industria del mohair. J.R. "Ruby" Davis y su esposa, Helen, fueron dueños y operadores del rancho hasta 1941. Después de la Segunda Guerra Mundial, Watt W. Turner y su esposa, Elma Evans, compraron el rancho a la familia Fred Cross, quien lo mantuvo en operación durante la guerra. La familia Turner y sus herederos fueron propietarios del rancho hasta 2003. La residencia principal de la Sede es una estructura de un piso construida en madera con un techo de metal de pendiente pronunciada, edificada por primera vez a principios de la década de 1920. Los edificios de la Sede fueron construidos para perdurar en estilo pionero y fueron mejorados por cada familia ranchera. En la década de 1950, el programa Bracero permitió a trabajadores mexicanos laborar en los ranchos de Texas, y el Rancho Turner dependió en gran medida de mano de obra mexicana. Tras la muerte de Watt Turner, su hermano, Clarence Turner, se hizo cargo del rancho y mantuvo en buen estado los edificios de la Sede y las millas de cercado. Carl Hyde arrendó el Rancho al patrimonio de los Turner en 1978 con renovado optimismo por la industria del mohair. En 1979 construyó una nueva casa en el Rancho para el capataz, Arnulfo Silva, y su familia. El rancho de ocho secciones operó durante 82 años hasta que fue vendido a un promotor inmobiliario en 2003 y subdividido. En su momento, el Rancho Turner-Davis mantuvo 6,000 cabezas de ganado. (2014)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →