La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico oficial, y yo nomás se lo traigo tal como está. Antes de que Laredo tuviera calles pavimentadas de verdad, antes de que tuviera mucho de lo que hoy llamaríamos moderno, ya tenía un lugar para enterrar a sus muertos. Los colonos españoles que fundaron esta ciudad les llamaban camposantos a esos primeros campos de descanso.
Y el primero en Laredo fue probablemente el de la iglesia de San Agustín, lo cual le dice a uno algo sobre qué tan cerca vivían entonces la vida y la muerte. Por mucho tiempo ese sistema alcanzó. Pero las ciudades crecen, y los muertos se acumulan, y en 1892 el Concejo Municipal de Laredo lo hizo oficial: los cementerios que estaban en uso ya estaban llenos.
Entonces la ciudad dedicó cuatro manzanas para un nuevo campo santo. La mitad de esa tierra se le cedió al obispo local para uso de la iglesia católica. El plan original contemplaba una sección judía y una fosa común para los ciudadanos indigentes, los que no tenían nada que dejar atrás, ni a veces siquiera un nombre.
Se reservaron parcelas grandes para grupos parroquiales, como las Ladies' Guild of Christ Episcopal Church. Y esto merece un momento de reflexión: también se apartaron terrenos para organizaciones fraternales, cívicas y laborales, entre ellas las Mutualistas, grupos de beneficencia mexicano-americanos que el marcador histórico describe como esenciales para el movimiento laboral mexicano en los Estados Unidos. Hasta en la muerte, la comunidad mantuvo su lugar.
Luego llegó 1898. Una epidemia de viruela azotó Laredo y no soltó hasta 1899. Se enterraban niños pequeños a diario.
Los lugares públicos, las iglesias, las escuelas, tuvieron que cerrar sus puertas. La ciudad que apenas había construido su nuevo cementerio se encontró llenándolo más rápido de lo que nadie hubiera querido. No hay manera de adornar eso, y no voy a intentarlo.
El cementerio siguió cambiando después de aquello, como cambian los lugares vivos. En 1926, los restos de un cementerio municipal anterior en la calle Scott fueron reinhumados aquí y en el Catholic Calvary Cemetery. Para la década de los treinta ya se habían añadido una sección para afroamericanos y una sección para infantes.
Una sección de veteranos se agregó en 1974. El cementerio no dejó de crecer durante todo el siglo veinte, absorbiendo la historia de Laredo entierro por entierro. Y hasta bien entrados los años cincuenta, los laредenses honraban la costumbre mexicana del Día de los Muertos, que también se conoce como All Souls' Day, comiendo y ofrendando comida y adornando las tumbas.
Esa tradición dejó su huella de maneras que todavía se pueden ver. La decoración de las tumbas y el arte funerario reflejan las tradiciones mexicano-americanas. No hay arbustos formales ni jardines bien recortados, pero lo que sí hay son despliegues florales muy elaborados, vivos y deliberados, un argumento en color de que las personas enterradas aquí fueron queridas.
El Laredo City Cemetery, dice el marcador histórico, es una crónica de la diversidad étnica y religiosa de la ciudad. De camposanto a crónica, de campo de santos a campo de historia. Toda la historia de Laredo está en esa tierra.
Lo que dice el marcador
Los primeros lugares de entierro en Laredo eran conocidos como camposantos por los colonos españoles. El primer camposanto de Laredo fue probablemente el de la Iglesia de San Agustín. En 1892, el Concejo Municipal de Laredo decretó que los cementerios en uso estaban llenos. La ciudad dedicó cuatro manzanas para un terreno de entierro, y la mitad fue cedida al obispo local para uso de la iglesia católica. El plan original incluyó una sección judía y un campo de pobres para los ciudadanos indigentes. Se reservaron grandes parcelas privadas para grupos religiosos locales, como la Ladies' Guild of Christ Episcopal Church, y para organizaciones fraternales, cívicas y laborales, entre ellas las Mutualistas, grupos de beneficencia mexicano-americanos esenciales para el movimiento obrero mexicano en los Estados Unidos. Una mortal epidemia de viruela en 1898-1899 provocó entierros diarios de niños pequeños y el cierre de lugares públicos como iglesias y escuelas. En 1926, los restos de un cementerio municipal anterior en Scott Street fueron reinhumados aquí y en el Catholic Calvary Cemetery. Para la década de 1930, se habían agregado una sección afroamericana y una sección de infantes. Durante la década de 1950, los ciudadanos de Laredo honraron la costumbre mexicana del Día de los Muertos, también conocido como el Día de Todos los Santos, con la ingesta y ofrenda de alimentos y la decoración del cementerio. En 1974 se añadió una sección de veteranos. El cementerio continuó creciendo a lo largo del siglo XX. La decoración de tumbas y el arte funerario reflejan las tradiciones mexicano-americanas. La ausencia de arbustos formales y paisajismo se compensa con exhibiciones florales de gran elaboración. El Cementerio Municipal de Laredo es una crónica de la diversidad étnica y religiosa de la ciudad. (2000)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →