La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico del Bentsen-Rio Grande Valley State Park, y ahora se lo voy a contar a mi manera. Imagínese el Bajo Valle del Río Grande antes de que todo esto fueran tierras de cultivo, o parque, o cualquier cosa con nombre. El marcador histórico lo llama una espesura exuberante.
Bosques y monte, tierra rica depositada por el propio Río Grande a lo largo de quién sabe cuántos siglos. Y lo que hacía a este lugar verdaderamente especial era lo que convivía ahí adentro. Plantas y animales más comunes al norte del río, viviendo codo a codo con los más comunes al sur.
Dos mundos, una misma espesura. La gente supo desde hace mucho que este valle valía la pena. Allá en el siglo dieciocho, los españoles repartían mercedes de tierra a los colonos por todo el Bajo Valle del Río Grande.
Tenían su manera particular de dividir el terreno por aquí. Las llamaban porciones, cada una una franja angosta que corría desde el río hacia adentro, para que cada concesión tuviera acceso al agua. Gente práctica.
La merced que cubría este mismo terreno fue parte de la Porción 50, otorgada a un hombre llamado Jose Antonio Zamora por la Antigua Jurisdicción de Reynosa, allá en México. Por buen tiempo, ese valle siguió siendo más o menos como siempre había sido. Luego llegó el siglo veinte, y con él los desarrolladores y los agricultores.
Empezó el desmonte a gran escala. Y para los años treinta, gran parte del Valle del Río Grande ya había sido talada para sembrar huertos de cítricos. Aquella vieja espesura, aquella convivencia de dos mundos con olmo de cedro y anacua y mezquite, con ébano y fresno mexicano y anaqua, se iba achicando rápido.
Y aquí la historia da vuelta. El 28 de enero de 1944, más de quinientas ochenta y seis acres de paisaje nativo fueron salvadas. Donadas.
Lloyd Bentsen y su esposa Edna Ruth Bentsen, a quien todos conocían como Dolly, junto con Elmer Bentsen y su esposa Marie Bentsen, le entregaron esa tierra a la Junta de Parques Estatales de Texas. Así nomás, la entregaron. Más de quinientas ochenta y seis acres de lo auténtico, de lo antiguo, de los matorrales y los bosques donde todavía tenían lugar incontables mamíferos, reptiles, y aves residentes y migratorias.
El parque que hoy lleva el nombre Bentsen preserva ese pedazo del antiguo entorno del valle, dice el marcador histórico, para la educación y el disfrute de sus visitantes. El olmo de cedro y el anacua y el mezquite mezclados con el ébano y el fresno mexicano y el anaqua, igual que siempre lo hicieron, igual que cuando todo esto era parte de una vieja porción española, igual que antes de que ninguno de nosotros tuviera palabras para nombrar nada de esto. Hay regalos dentro de los cuales todavía se puede caminar.
Lo que dice el marcador
Antes de la colonización, este valle era un exuberante matorral de bosques y maleza, nutrido por la rica tierra depositada por el Río Grande. En todo el Bajo Valle, el paisaje representaba una amplia variedad de plantas y animales. Especies más comunes al norte del río coexistían aquí con las más comunes al sur. Se otorgaron mercedes de tierra a los colonos españoles originales del Valle del Río Grande en el siglo XVIII. Las divisiones se llamaban porciones, cada una una franja angosta de tierra con acceso al río. La merced aquí era parte de la Porción 50, otorgada a Jose Antonio Zamora por la Antigua Jurisdicción de Reynosa (México). A principios del siglo XX, los promotores y agricultores comenzaron a desmontar el terreno a gran escala. Para la década de 1930, gran parte del Valle del Río Grande había sido desmontada para huertos de cítricos. En 1944, más de 586 acres de paisaje nativo fueron preservados y donados a la Texas State Parks Board. El olmo cedro, el almez y el mezquite se mezclan con el ébano, el fresno mexicano y los árboles de anaqua. Junto con los matorrales, proporcionan hábitat para innumerables mamíferos, reptiles y aves residentes y migratorias. El parque preserva una parte del entorno antiguo del valle para la educación y el disfrute de sus visitantes. Sesquicentenario de Texas 1836-1986. PLACA SUPLEMENTARIA: El terreno del parque fue donado el 28 de enero de 1944 a la State Parks Board por Lloyd M. y Edna Ruth (Dolly) Bentsen, y Elmer C. y Marie J. Bentsen.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →