Marcador histórico de Texas

Reunión de los presidentes Camacho y Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial

Corpus Christi · Condado de Nueces · colocado en 2021

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Condado de Nueces, Texas

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Esto es lo que cuenta el marcador histórico oficial del condado de Nueces sobre un encuentro que puso a dos presidentes en el mismo suelo por primera vez en toda una generación. Si quiere hablar de un viaje en tren que de veras pesaba, le cuento lo de abril de 1943. El presidente Franklin Roosevelt subió a un tren y se lanzó a un recorrido de dieciséis días inspeccionando doce instalaciones militares y cuatro plantas de producción de guerra.

Eso solo ya sería historia suficiente. Pero el verdadero titular, el momento al que todo apuntaba, fue el encuentro cara a cara con el presidente de México, Manuel Ávila Camacho. Y aquí está lo que a uno lo pone derecho en la silla: fue la primera reunión entre los líderes de esos dos países vecinos en treinta y cuatro años.

Para entender por qué eso importaba tanto, hay que retroceder una década. Cuando Roosevelt asumió la presidencia en 1933, prometió lo que llamó la política del Buen Vecino hacia las naciones latinoamericanas, fundada en la cooperación mutua y el respeto. Y no fueron nomás palabras bonitas para un discurso.

Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, México se puso del lado de los Estados Unidos y declaró la guerra contra las Potencias del Eje. Miles de ciudadanos mexicanos servían en las Fuerzas Armadas estadounidenses. El programa Bracero traía trabajadores de México para laborar en los campos agrícolas.

Estos dos países no eran solo vecinos; eran socios en algo enorme. Así fue que el 20 de abril se reunieron los dos presidentes en Monterrey. Roosevelt llegó con una delegación que incluía a la primera dama Eleanor Roosevelt, al embajador de los Estados Unidos en México George Messersmith, y a funcionarios del Departamento de Estado.

Y Monterrey salió en masa a recibirlos. Miles de personas aplaudían y vitoreaban a la delegación americana. Hubo un banquete de siete tiempos.

Hubo revista de tropas. Era el tipo de acto que le dice a uno que ambas partes entendían perfectamente lo que estaba en juego. Al día siguiente, el tren cruzó la frontera por Laredo y siguió hasta la Estación Aérea Naval de Corpus Christi.

Y aquí es donde la historia da un giro que hace apreciar todo lo que se había planeado: entre los cadetes que recibían entrenamiento de vuelo en esa estación había cadetes de México. El presidente Camacho no estaba visitando nomás una base militar estadounidense, sino que estaba saludando a sus propios compatriotas, y a sus equipos de tierra, en suelo americano. Eleanor Roosevelt recibió saludos con la mano.

El grupo fue llevado al edificio de administración, el que con el tiempo se convertiría en la sede de CNATRA, y se sentaron a comer en el comedor de los cadetes. Después llegó el momento culminante: decenas de aviones en un vuelo de formación y una exhibición de bombardeo en picada. Para eso no hacía falta traductor.

El embajador Messersmith, que había estado en todo, en Monterrey, en Corpus Christi, en el banquete, en el comedor, en cada uno de esos dieciséis días que desembocaron en ese instante, describió el intercambio como el comienzo de una nueva era en la relación entre los dos países. Hay comienzos que hay que ganarse. Este costó dieciséis días de tren, dos presidentes, treinta y cuatro años de espera, y decenas de aviones escribiéndolo en el cielo de Texas.

Lo que dice el marcador

Al asumir la presidencia en 1933, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt prometió una política de «Buen Vecino» hacia las naciones latinoamericanas, basada en la cooperación y el respeto mutuos. Esto resultó valioso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando varios de estos países, incluido México, se unieron a los Estados Unidos para declarar la guerra a las Potencias del Eje. México y los Estados Unidos mantuvieron una buena relación durante la guerra, destacada por los miles de ciudadanos mexicanos que sirvieron en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y por la creación del programa Bracero, que trajo trabajadores de México para realizar labores agrícolas en los Estados Unidos. En abril de 1943, el presidente Roosevelt realizó un viaje en tren de 16 días para inspeccionar doce instalaciones militares y cuatro plantas de producción bélica. El punto culminante fue una visita recíproca con el presidente de México, Manuel Ávila Camacho, el primer encuentro cara a cara entre los líderes de los países vecinos en 34 años. Se reunieron en Monterrey el 20 de abril, en una comitiva que incluía a la Primera Dama Eleanor Roosevelt, al embajador estadounidense en México George Messersmith y a funcionarios del Departamento de Estado. Miles de residentes entusiastas dieron la bienvenida a la delegación estadounidense, y los actos incluyeron un banquete de siete tiempos y una revista de tropas. Al día siguiente, el tren cruzó la frontera en Laredo y continuó hacia la Corpus Christi Naval Air Station, donde cadetes de México se encontraban entre quienes recibían entrenamiento de vuelo. El grupo fue escoltado al edificio de administración (posteriormente sede de CNATRA) y almorzó en el comedor de los cadetes. Eleanor Roosevelt saludó entre ovaciones, y el presidente Camacho saludó a los cadetes de México y a sus tripulaciones de tierra. La culminación de la visita fue una exhibición de decenas de aviones en vuelo rasante y bombardeo en picada. El embajador Messersmith describió el intercambio como «el inicio de una nueva era en la relación entre los dos países». (2021)

Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →

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