La versión de Duane
Así cuenta el marcador histórico oficial la historia del malecón de Corpus Christi de 1941, y vale la pena escucharla bien. El Golfo de México es un vecino hermoso. También es, de vez en cuando, un vecino terrible.
Corpus Christi lo sabía mejor que nadie. Azotada una y otra vez por los huracanes, la ciudad empezó a pensar en serio en construir una barrera de protección desde 1919. Suena como el comienzo de una solución, ¿verdad?
Pero no lo fue. Todavía no. Durante los siguientes veinte años, veinte años, se propusieron planes para el malecón, y los ignoraron, o los rechazaron, o los fueron archivando sin más.
Uno casi puede imaginar a los ingenieros viendo sus planos cubrirse de polvo. Por fin, en 1939, algo cedió. Comenzó la construcción.
Y el dinero que la hizo posible tiene su propia historia: más de dos millones de dólares, obtenidos mediante la remisión de los impuestos estatales ad valorem de siete condados del sur de Texas. Siete condados juntaron su alivio tributario para levantar una sola muralla. Eso no es poca cosa.
Es toda una región diciéndose que ya había esperado suficiente. El contratista de San Antonio, Jay Depuy, tomó la obra, siguiendo el diseño de una firma de ingeniería civil de Dallas, Myers y Noyes. Y aquí la ingeniería se pone de veras impresionante, así que sígame.
Comenzando desde Water Street, Depuy dragó hacia el oriente y creó un terraplén completamente nuevo que se extendía más de quinientos pies adentro de la bahía. Adentro de la bahía. No construyó nomás sobre la orilla: primero construyó tierra nueva.
Luego, desde el borde de ese terraplén hasta donde se unía con la costa, sus cuadrillas hincaron pilotes de madera creosotada a través de ese montículo de tierra hasta el fondo de la bahía. Cada uno de esos pilotes aguantaba dieciocho toneladas de presión. Dieciocho toneladas.
Con un dispositivo móvil para formar cimientos, Depuy levantó entonces el malecón propiamente dicho: catorce pies de altura, concreto reforzado con acero, con escalones que bajaban desde la cima hasta el agua. Cuando todo quedó terminado en 1941, el malecón vino acompañado de tres muelles y una marina. Y aquí está lo que quizás los ingenieros no alcanzaron a imaginar del todo: esos escalones que construyeron por razones estructurales se convirtieron en algo muy distinto para la gente de Corpus Christi.
Se volvieron un anfiteatro frente al mar. Así lo llama el marcador histórico, y la palabra encaja. Porque esos escalones se llenaron de gente.
Durante la Segunda Guerra Mundial, ahí mismo sobre el malecón se hicieron fogatas y mitines para vender bonos de guerra. Después, la multitud se reunió en esos mismos escalones para ver los fuegos artificiales del sesquicentenario. Y ahí estuvieron para celebrar la llegada de los Columbus Ships.
El marcador histórico menciona tres cosas que levantaron esta muralla: el ingenio de los ingenieros, la perseverancia de los políticos y el entusiasmo de los ciudadanos. Veinte años de rechazos antes de que entrara la primera pala. Luego un contratista dragando tierra nueva del fondo de la bahía de Corpus Christi.
Luego catorce pies de concreto alzándose sobre pilotes de madera capaces de soportar dieciocho toneladas. Y la gente de esa ciudad apropiándose de cada escalón como suyo. Ese malecón ha seguido protegiendo los negocios y las propiedades de la costa bien entrado el siglo veintiuno.
Hay cosas que valen la espera.
Lo que dice el marcador
Monumento Histórico de Ingeniería Civil de Texas, el rompeolas de Corpus Christi ha ayudado a proteger esta ciudad costera por más de setenta años. Periódicamente devastada por huracanes, Corpus Christi comenzó a considerar una barrera protectora en 1919. Durante los siguientes veinte años, se propusieron planes para un rompeolas que solo fueron ignorados o rechazados. Finalmente, en 1939, comenzó la construcción del rompeolas, financiada con más de $2,000,000 provenientes de la remisión de impuestos estatales ad valorem de siete condados del sur de Texas. El contratista de San Antonio Jay Depuy construyó el rompeolas de 1,100 pies de longitud, utilizando el diseño de la firma de ingeniería civil de Dallas, E.L. Myers y E.N. Noyes. Dragando hacia el este desde Water Street, Depuy creó un nuevo terraplén que se extendía más de 500 pies hacia la bahía. Desde su borde hasta su unión con la orilla, hincó pilotes de madera creosotada, capaces de soportar dieciocho toneladas de presión, a través del terraplén hasta el fondo de la bahía. Utilizando un dispositivo móvil para formar cimientos, erigió luego un rompeolas de concreto reforzado con acero de 14 pies de altura, con escalones desde su parte superior hasta el agua. Al completarse en 1941, junto con tres muelles y una marina, el rompeolas no era simplemente una barrera protectora; sus escalones proporcionaron a los habitantes de Corpus Christi un anfiteatro frente al mar. Con esto como base, organizaron mítines de bonos de guerra con fogatas durante la Segunda Guerra Mundial, presenciaron el espectáculo de fuegos artificiales del sesquicentenario y celebraron la llegada de los Columbus Ships. Construido gracias al ingenio de los ingenieros, la perseverancia de los políticos y el entusiasmo de los ciudadanos, este muro de concreto ha protegido los negocios y propiedades de la costa bien entrado el siglo XXI.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →