La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico oficial, y yo hago lo posible por hacerle honor. Mire hacia abajo. Esas huellas que ve ahí, en la tierra, no las hizo ningún arado ni ninguna carreta.
Las hicieron los búfalos. Miles y miles de ellos, corriendo en fila india, golpeando la misma tierra blanda una y otra vez hasta que el suelo cedió y dijo: bueno, bueno, ya ganaron. Así se forma una vereda de búfalos.
Y esta llevaba al agua: Champion Creek, a seis millas al sur de donde usted está parado ahorita. Lo que mucha gente no para a considerar es esto: cuando una vereda se hacía demasiado honda, porque sí se hundían mucho, aporreadas por tanto peso y tanta repetición, el hato no se quejaba. Nomás empezaban otra, justo al lado.
Luego otra. Luego otra más. Con el tiempo fueron trazando veredas una junto a la otra, como si la naturaleza misma hubiera diseñado un sistema de carreteras que a cualquier ingeniero civil le hubiera dado gusto ver.
Y no eran solo caminos locales. Las rutas migratorias se extendían desde el río Grande hasta Canadá. Los búfalos no andaban perdidos: seguían terreno alto y nivelado, evitando los ventisqueros del invierno y el lodazal del verano.
Eso no es al azar. Es geografía, descifrada por criaturas que no tenían mapas, solo instinto y diez mil años de práctica. Cuando los búfalos estaban en su momento de mayor abundancia, los números eran de esos que la mente de veras batalla para retener.
En 1872, y quédese con ese año un momento, un hombre llamado Mooar se quedó parado viendo una migración hacia el norte de millones de búfalos cruzando el río Arkansas. Millones. Y ese cruce tardó más de seis semanas.
Seis semanas de un río vivo, respirante, que retumbaba con el peso de todos esos animales. Si alguien se lo hubiera contado a la gente del este, lo habrían llamado mentiroso. Mooar lo vio con sus propios ojos.
Ese mismo Mooar, John Mooar, junto con su hermano el señor Mooar, eran hombres de negocios del condado de Mitchell. Y también eran, sin que nadie se los discuta, famosos cazadores de búfalos. Entre 1870 y 1877, los dos hermanos ayudaron a matar miles de búfalos.
Entre esos miles hubo un búfalo blanco. El producto principal era el cuero, pero las lenguas, las jorobas y los jamones también se vendían. Pero aquí la historia da vuelta y le muestra algo más grande que cualquier hombre o cualquier hato.
Mucho antes que los hermanos Mooar, antes de los rancheros y los ferrocarriles, eran los indígenas quienes seguían esas mismas veredas hasta los comederos de los animales, dejando que el búfalo los guiara hacia el alimento, el agua y la vida. Las veredas no eran simples caminos. Eran conocimiento grabado en la tierra.
Después llegaron los exploradores, que encontraron esas mismas rutas y abrieron nuevos caminos por ellas. Y luego los ingenieros de ferrocarril, más de una vez, miraron por dónde habían caminado los búfalos durante siglos y dijeron: pues sí sabían lo que hacían. Usaron exactamente esas rutas.
Las mismas. Entonces lo que usted está viendo aquí, estas huellas antiguas en la tierra del condado de Mitchell, es más que una curiosidad. Son, a su manera, el plano original.
La vereda del búfalo fue una llave para abrir el transporte y el asentamiento humano en todo el país, y esa llave quedó grabada mucho antes de que ninguna mano humana trazara una sola línea en un mapa. Los búfalos ya no están en estas llanuras. Pero si mira con cuidado, la tierra todavía recuerda por dónde caminaron.
Lo que dice el marcador
Estas huellas, formadas originalmente en tierra blanda, provienen de un antiguo sendero de bisontes que guiaba a las manadas hacia el agua en Champion Creek (6 millas al sur). Miles de bisontes corriendo en fila india abrían senderos como este, hundiéndolos profundamente en el suelo. Cuando alguna ruta se volvía demasiado profunda, comenzaban otra; con el paso de los años se formaron muchas, una junto a la otra. Los senderos hacia las zonas de pastoreo se ramificaban desde los abrevaderos. Los senderos migratorios se extendían desde el Río Grande hasta Canadá, siguiendo generalmente terreno elevado y nivelado para evitar los ventisqueros invernales y el lodo veraniego. Los hermanos J. Wright y John Mooar, hombres de negocios del condado de Mitchell y famosos cazadores de bisontes, contribuyeron a matar miles de ellos (incluido un bisonte blanco), de 1870 a 1877. El producto principal era el cuero, aunque también se vendían lenguas, jorobas y jamones. Los bisontes eran tan abundantes que en 1872 Mooar presenció una migración hacia el norte de millones de animales que tardaron más de 6 semanas en cruzar el río Arkansas. En su época, los senderos del bisonte fueron de gran utilidad para los indígenas, quienes los seguían hasta los terrenos de alimentación de los animales. Más tarde, los exploradores abrieron nuevos caminos a lo largo de ellos, y los ingenieros de ferrocarriles utilizaron en más de una ocasión sus rutas exactas. De esta manera, el sendero del bisonte fue una clave para el desarrollo del transporte y la colonización a lo largo de los Estados Unidos. (1967)
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →