La versión de Duane
Así lo cuenta el marcador histórico oficial sobre el cementerio Hoover's Valley, aquí en el condado de Burnet. Acomódese, porque hasta el terreno más silencioso tiene una historia que merece escucharse. En 1850, un hombre llamado el reverendo Isaac Hoover llegó desde Tennessee y echó raíces en esta parte de Texas.
Era ministro de la iglesia Metodista Protestante local, y no tardó nada en ponerse a trabajar: pronto empezó a oficiar servicios en un arbolado de encinos cercano. Sin paredes, sin techo, nomás los árboles y el cielo de Texas por todo techo. Así era ese hombre.
Y ese mismo año, 1850, fundó lo que llegaría a ser el cementerio Hoover's Valley. La piedra más antigua data de por ahí de ese año, lo que quiere decir que alguien fue sepultado en esta tierra desde el mero principio. Entre las tumbas hay una que pertenece a la familia Whitlock, muerta a manos de indios, y el marcador histórico lo dice sin rodeos, así que yo tampoco los voy a dar.
Ese es un peso que esta tierra ha cargado por mucho tiempo. Cuando uno camina por aquí, pasa junto a 157 tumbas marcadas y otras 88 que ya no tienen piedra que hable por ellas. Doscientas cuarenta y cinco almas, más o menos, y todavía siguen llegando, porque este terreno que un predicador recién llegado de Tennessee abrió bajo el cielo abierto de Texas sigue en uso hasta hoy.
Hay historias que no terminan. Nomás siguen, una tumba a la vez.
Lo que dice el marcador
Establecido en 1850 por el Rev. Isaac Hoover, de la iglesia Metodista Protestante local. Llegó desde Tennessee; pronto inició servicios religiosos en un arbolado de encinos cercano. La lápida más antigua data de alrededor de 1850. Otra tumba pertenece a la familia Whitlock, muerta a manos de indios. Las tumbas marcadas suman 157; las no marcadas, 88. El terreno sigue en uso.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →