Marcador histórico de Texas

El movimiento de bibliotecas en Marshall

Marshall · Condado de Harrison · colocado en 1976

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Condado de Harrison, Texas

La versión de Duane

Así cuenta el marcador histórico oficial la historia del movimiento bibliotecario en Marshall, y yo le hago el cuento como puedo. Si quiere hablar de un trabajo de paciencia, de uno de esos empeños largos, tercos y magníficos, déjeme contarle lo que veinticinco señoras de Marshall, Texas, echaron a andar con nada más que libros y palabra de honor en 1887. Todo comenzó con el Ingleside Circulating Book Club.

Veinticinco socias, cada una comprando un libro, cada una pasándolo a la siguiente. Así de sencillo. Pero las cosas sencillas, cuando se cuidan con suficiente paciencia, tienen manera de convertirse en algo mucho más grande.

Para 1899, ese club y otros cuatro se habían unido en una federación. Y de inmediato, como primer objetivo cívico, pusieron la mira en una biblioteca para la ciudad de Marshall. No tenían edificio.

Lo que tenían era la presidenta de la federación y su esposo, que donaron el uso de un desván en una tienda de forrajes. Déjese eso un momento. Un desván de forrajes.

Ahí subieron los libros, acomodaron pacas de heno como sillas, y en el año 1900, con 174 libros y olor a zacate en el aire, la biblioteca abrió sus puertas. El 24 de octubre de 1902 obtuvieron su estatuto legal, y la biblioteca se mudó al Palacio Municipal. Ahí, si uno quería entrar, pagaba un peso al año por un permiso de lectura.

Un peso al año. Ese dinero, junto con los fondos que las socias no dejaban de juntar, sostendría 69 años de servicios de biblioteca municipal, y aquí viene lo que a uno le dan ganas de repetirle a todo mundo: sin un solo centavo de impuestos públicos. Puro empeño y boletos de a dólar.

Luego llegó 1923, y un incendio en el Palacio Municipal. Uno pensaría que ahí se acabó el cuento. Pero estas mujeres ya llevaban más de veinte años trabajando hacia algo más permanente.

Así que después del incendio, siguieron adelante. Levantaron esta elegante estructura de estilo georgiano, inaugurada en 1926 a un costo de, y me encanta que lo tenían hasta el centavo, treinta y cuatro mil cuarenta y seis dólares con noventa y tres centavos. En su tiempo, dice el marcador histórico, era ideal en todos sus detalles.

La clase de edificio que uno construye cuando de verdad se lo ha ganado. Pasaron los años. La ciudad creció.

El edificio se quedó chico, como a veces les pasa a las cosas buenas. Las socias se pusieron a convencer a la ciudad de que por fin asumiera el sostenimiento de una biblioteca municipal. No fue cosa fácil, al parecer.

Pero el 28 de octubre de 1971, las socias entregaron las llaves, sus llaves, de su edificio, sus libros y sus muebles, a la ciudad. Y cuando en 1973 quedó lista una nueva y más amplia instalación de biblioteca municipal, este edificio georgiano pasó a albergar otros proyectos cívicos. De un desván de forrajes con sillas de pacas de heno a un edificio que sobrevivió a quienes lo construyeron: eso es lo que pueden lograr veinticinco mujeres con un club de libros y una memoria muy larga.

Lo que dice el marcador

Veinticinco damas de Marshall formaron el Ingleside Circulating Book Club en 1887; cada miembro compraba un libro e intercambiaba títulos con las demás. Cuando ese club y otros cuatro organizaron una federación en 1899, su primer objetivo cívico fue una biblioteca municipal. El uso de un altillo de una tienda de forrajes fue donado por la presidenta de la federación y su esposo. La biblioteca abrió en 1900 con 174 libros y con pacas de heno como sillas. Tras obtener un estatuto el 24 de octubre de 1902, la biblioteca se trasladó al Ayuntamiento, donde funcionó hasta un incendio en 1923. En el Ayuntamiento, boletos de lectura a $1 al año daban acceso al público. Estos boletos, junto con los fondos recaudados por las socias de los clubes, proporcionaron 69 años de servicios de biblioteca municipal sin el uso de ingresos fiscales públicos. Esta elegante estructura de estilo georgiano fue construida después de que los clubes trabajaron en la obtención de fondos durante más de 20 años y tras el incendio del Ayuntamiento. Erigida en 1926 a un costo de $34,046.93, era ideal en sus instalaciones para aquella época, pero con el tiempo resultó insuficiente. Finalmente se persuadió a la ciudad de apoyar una biblioteca municipal, y el 28 de octubre de 1971 las socias de los clubes entregaron las llaves de su edificio, sus libros y su mobiliario. Al concluirse una nueva y más amplia instalación de biblioteca municipal en 1973, este edificio pasó a albergar otras actividades cívicas.

Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →

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