La versión de Duane
Les voy a contar lo que dice el marcador histórico oficial del Convento de la Incarnate Word and Blessed Sacrament, aquí en el condado de Cameron. Imagínese una manzana entera rodeada por una barda de diez pies de altura. No una cerca: una barda.
Y adentro de esa barda, una de las instituciones más notables que ha conocido este estado. La primera colonia en América de las Sisters of the Incarnate Word and Blessed Sacrament, una orden de clausura dedicada a la enseñanza, aquí mismo en la frontera de Texas. Corría el año 1853.
Estas mujeres habían cruzado el océano desde su casa madre en Lyons, Francia, y llegaron a Brownsville, un pueblo de frontera en el mero filo del mapa. ¿Y qué encontraron esperándolas? Una bodega vieja, sin muebles.
Eso fue su escuela. Eso fue su hogar mientras levantaban el primer convento. Sin pupitres, sin materiales, y sin libros de texto escritos en los idiomas que hablaban sus alumnos.
Sus estudiantes necesitaban clases en dos lenguas: español e inglés, pero todos los recursos que traían las hermanas estaban en francés. ¿Y qué hicieron? Los tradujeron ellas mismas y los imprimieron en una pequeña prensa de mano.
Ahora, la frontera no les puso las cosas fáciles, ni de lejos. Ataques de indios. Epidemias de fiebre amarilla.
Tormentas que llegaban desde el Golfo. Y luego la Guerra Civil, de 1861 a 1865. A través de cada una de esas pruebas, las hermanas siguieron enseñando.
Sin parar. Sin aflojarse. Enseñaron sin interrupción hasta 1867, cuando un huracán arrasó el convento original por completo.
Cualquiera hubiera tomado eso como una señal. Las hermanas lo tomaron como un tropiezo. Sus patrocinadores les pidieron que volvieran a abrir, y ellas aceptaron.
Y esta vez, construyeron algo hecho para durar. En este mismo sitio levantaron un convento de estilo francés de Nueva Orleans, de arquitectura inconfundible, con un costo de veinte mil en especie. Las hermanas tomaron posesión el 25 de diciembre de 1868.
El día de Navidad. Por muchas generaciones, el convento sirvió como escuela de internado y de día para niñas. La barda de diez pies se mantuvo en pie.
La escuela resistió. No fue sino hasta 1967 cuando las hermanas se mudaron por fin a Villa Maria, un centro educativo moderno, cerrando así un capítulo que había comenzado en una bodega vacía más de cien años antes. Ataques de indios, fiebre amarilla, tormentas, una guerra y un huracán.
Y aun así, enseñaron.
Lo que dice el marcador
Esta manzana estuvo rodeada en su momento por un muro de 10 pies que encerraba una hermosa estructura que albergaba la primera colonia en América de las Hermanas del Verbo Encarnado y Santísimo Sacramento, una orden de clausura dedicada a la enseñanza. El convento tuvo una historia de vicisitudes y heroísmo. Al llegar en 1853 al pueblo fronterizo de Brownsville, procedentes de su casa madre en Lyon, Francia, las monjas se instalaron en una antigua bodega sin amueblar para iniciar su escuela mientras se construía su primer convento. Para sus alumnos bilingües (español-inglés), se vieron obligadas a traducir del francés e imprimir libros de texto en una pequeña prensa manual. Las incursiones indígenas, las epidemias de fiebre amarilla, las tormentas y la Guerra Civil (1861-65) no disuadieron a las Hermanas, quienes enseñaron sin interrupción hasta 1867, cuando el convento original fue destruido por un huracán. A petición de sus patrocinadores, las Hermanas aceptaron reabrir su escuela. En este sitio se construyó, a un costo de $20,000 en moneda metálica, un convento de estilo francés de Nueva Orleans y arquitectura singular. Las Hermanas lo ocuparon el 25 de diciembre de 1868. Durante muchas generaciones sirvió como escuela de internado y de día para niñas, hasta que en 1967 las Hermanas se trasladaron a Villa Maria, un moderno centro educativo.
Traducción no oficial del texto del marcador de la Texas Historical Commission. Lea el texto oficial en inglés →